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26 de diciembre de 2018 | por: Comunicación EADIC | 0 comentarios

Si no quieres trabajar en BIM, acabarás trabajando doble

Parafraseando un refrán que se decía antaño, al menos por estos lares, “cuando no quieres trabajar, trabajas doble”. Es aplicable a muchos ámbitos de la vida, y el caso de la implantación BIM no es una excepción.

Como sabemos desde hace tiempo, la implantación BIM en proyectos públicos será obligatorio en los próximos años. Cierto es que se ha pospuesto ya más de una vez, pero todo llega. Partiendo de esa premisa ya hay ciertos estudios y empresas, que han querido adelantarse y hacer un esfuerzo para con sus empleados formando a éstos para el día de mañana y que no les “pille el toro”. Esa visión ha conseguido que dichas corporaciones estén ya preparadas y puedan afrontar el presente con garantías. El resto, una gran mayoría por desgracia, sigue dejando la adaptación al nuevo “estándar” para luego, porque según su perspectiva errónea del devenir de las cosas, ellos “no trabajan para obras públicas y a la propiedad privada le es indiferente el tema BIM”. Craso error.

Porque si alguien está empujando al uso de esta ya no tan nueva tecnología son las empresas privadas, más que las públicas. Y éstas, las privadas, no lo están exigiendo por mero capricho, lo hacen por dinero, por ahorrar mucho dinero, al contrario de las públicas (que sino es de obligatorio cumplimiento les es indiferente. Francamente es lo que están dando a entender, porque consideran que el dinero público no es de nadie y el buen uso de éste es secundario). Y el ahorro más significativo no viene de la parte de producción, que también, sino a la hora de detectar errores en la obra antes de que éstos ocurran, vistos ya en el modelo virtual y con una medición más precisa. Porque no es lo mismo evitar un fallo antes de que se produzca (aunque esto supongo un trabajo extra en la parte de diseño) a tener que subsanar éste en plena ejecución material del edificio, donde siempre será más caro y en la mayoría de ocasiones, una solución menos eficiente.

Como decíamos, la propiedad ha exigido BIM en sus proyectos, pero sólo unos pocos entes han sabido estar a la altura y han conseguido responder al requerimiento sin problemas. Al resto les ha pillado con el pie cambiado, y como reza el título de este artículo, por no querer hacer los deberes ahora les está costando el doble. No sólo en tiempo, sino también en dinero. Porque las empresas “atrasadas” no han podido hacer frente al trabajo, o se han visto obligadas a contratar agentes externos con el coste que ello conlleva. Con lo cual se ha llegado al absurdo: se sigue trabajando en 2D, en CAD, y luego agentes externos lo “traducen” a software BIM para cumplir con la exigencias del cliente. Más tiempo (es una tarea tediosa pasar de 2D a un modelo 3D realizado en un software como Revit, porque exige de una comunicación fluida entre los operarios, el que realiza el diseño
primeramente y el que luego lo refleja con el nuevo método), y con ello, más dinero.

La parte positiva es que “no hay mal que por bien no venga” y van a ser las propias empresas “afectadas” las que van a potenciar, ahora sí, la formación de sus empleados. Lo que no hicieron por falta de pericia lo harán por escarmiento, después de haber perdido varios miles de euros.

Y con ello acabaremos con otro refrán, que también viene al caso: “más vale tarde que nunca”.

 

Autor: Antonio Méndez Martín. Docente del Máster en BIM Management.

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