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08 de febrero de 2021 | por: José Gutiérrez | 0 comentarios

Proceso de potabilización de agua en la eliminación de olores

¿Sabías que los seres humanos compartimos una curiosa mutación con los camellos? Y gracias a ella hemos sido capaces de sobrevivir desde hace miles de años, no obstante, en la actualidad de los países desarrollados, esta capacidad heredada juega en nuestra contra, al contar con procesos de potabilización de agua.

La responsable de esta coincidencia entre el ser humano y los camellos es una sustancia llamada geosmina (trans-1, 10-dimetiltrans-9-decalol), del griego “aroma a tierra”, producida principalmente por el Streptomyces coelicolor, bacteria inofensiva que se encuentra en los suelos y por algunas cianobacterias, que aportan ese olor tan reconocible a tierra mojada. Puede ir acompañada de otra molécula habitual, el MIB (2-metilisoborneol), producido por algas verdeazuladas (por ejemplo, Anabaena).

La presencia de geosmina en el suelo, agua y posteriormente en el aire gracias a su gran volatilidad, la convirtieron en una molécula muy importante para la supervivencia de especies que se desenvuelven en climas o regiones donde las precipitaciones escasean. Para estos seres vivos, detectar lugares donde puede haber agua es cuestión de vida o muerte; así camellos, dromedarios y otros animales de climas desérticos atesoran la capacidad olfativa extraordinariamente desarrollada y sensible a esta sustancia. Por ejemplo, está comprobado que los camellos del desierto del Gobi son capaces de encontrar agua a más de 80 km de distancia, y la comunidad científica apunta a la geosmina como el motivo.

Figura 1. Imagen referencial de camellos.

En lo que se refiere al ser humano, en la actualidad y gracias a los procesos de potabilización de aguas, no es necesario que tengamos que buscar las fuentes de agua para nuestra supervivencia. Es en este punto cuando las mutaciones que desde hace miles de años nos han ayudado como especie a sobrevivir, se convierten en un problema para el hombre moderno. Muchas personas, aún hoy día, son capaces de detectar el olor de geosmina y MIB en concentraciones inferiores a 10 ng/L, esto es 0,000000001 g/L.

Esta capacidad se potencia al calentar el agua, ya que la volatilidad de las sustancias aumenta. Es por esto que, en el agua caliente de los grifos o de la ducha es fácil detectar estos compuestos por ese inconfundible olor a tierra mojada. Se plantea así un reto para los sistemas de calidad del agua de consumo, ya que si bien no se conocen aspectos adversos en el consumo de agua con estas ínfimas cantidades de estas sustancias, para el consumidor supone una sensación desagradable y en muchos casos, fuente de quejas y reclamaciones contra un deficiente abastecimiento domiciliario. Algunos ejemplos:

  • En el primer trimestre de 2013, Montevideo estuvo afectada por episodios de olores y sabores desagradables provocados muy probablemente por geosmina al afectar al río Santa Lucía, que se constituye como la principal fuente de agua de la ciudad.
  • También en 2012, 10 de las 16 delegaciones en que se divide Ciudad de México se vieron afectadas por los problemas de Geosmina y MIB, sobrepasando a los 5,5 millones de habitantes.
  • Diversos estudios de la American Water and Wastewater Association (AWWA) indican que, en Estados Unidos y Canadá, más del 40% de las 800 plantas diseñadas para tratamiento de agua superficial manifestaron problemas de sabor y olor con duración mayor a un intervalo de una semana.

Ante esta situación, se incrementa la relevancia del correcto diseño de una planta de tratamiento de agua potable que sea capaz de hacer frente a estos compuestos para eliminarlos en el proceso de potabilización de agua. De las diferentes soluciones que existen en la actualidad, las técnicas más habituales son:

  • Filtración biológica con carbón activado precedida por ozonización: usa los microorganismos colonizadores de las partículas del carbón para eliminar la materia orgánica del agua a través de la bioasimilación. El proceso se beneficia de la ozonización previa porque al ser oxidados los compuestos son más fácilmente asimilables.
  • Dosificación de carbón activado en polvo: utilizando la capacidad de adsorción de las partículas de carbón para la retención de las sustancias productoras de olores y sabores del agua.
  • Oxidación avanzada con peróxido de hidrógeno como complemento a la ozonización y adsorción con carbón activo, aprovechando la oxidación directa y selectiva del ozono con la rápida y poco selectiva de los radicales OH con los compuestos orgánicos.

Enlaces de interés.

 

Autor: Sergio Casado Romeral. Docente del Máster en Ingeniería del Agua: Tratamiento, Depuración y Gestión de Residuos de EADIC.

Máster en Ingeniería del Agua: Tratamiento, Depuración y Gestión de Residuos

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