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30 de noviembre de 2018 | por: Comunicación EADIC | 0 comentarios

¿Presentación pública?, ¿cómo gestionar tus nervios?

En ambientes profesionales es relativamente frecuente realizar algún tipo de presentación ante una determinada audiencia. Durante estas situaciones pueden aparecer elementos emocionales de distorsión que pueden condicionar nuestra capacidad real como ponente. Es entonces cuando, debemos realizar una adecuada gestión de los nervios que nos permita triunfar en nuestra presentación.

Incluso los grandes oradores con años de experiencia, cuando se enfrentan a un auditorio, sienten algún tipo de miedo escénico. Lo que los distingue del resto es que ellos aceptan esa sensación de temor sin que ese sentimiento llegue a dominarles. Saben como gestionar sus nervios. Además, esa sensación tampoco es deseable suprimirla por completo, ya que sin miedo no hay tensión y una pequeña dosis de tensión ayuda a hablar mejor.

El agobio que se siente por enfrentarse a esta “prueba” puede manifestarse con diversos síntomas:

  • Tiemblan manos y piernas
  • Sudan excesivamente las palmas de las manos
  • Sudoración, en general
  • El corazón late aceleradamente
  • Falta el aire
  • Nudo en la garganta
  • Se tensan los músculos
  • Se crispan las manos
  • El rostro se ruboriza
  • Se pierde la concentración
  • Aparecen molestias gastrointestinales
  • Voz temblorosa
  • Se seca la boca

El conjunto de todos estos síntomas conforman lo que se le suele denominar miedo escénico.

gestión nervios EADIC

Unas sencillas recomendaciones para un adecuada gestión de los nervios podían ser:

  • Conocer perfectamente el tema sobre el que se realizará la presentación. El buen conocimiento aporta seguridad, que es un eficaz antídoto contra los nervios.
  • No pretender que todo tiene que salir perfecto ya que eso no es posible y, además, nadie lo espera.
  • No tratar de combatir los nervios de forma ansiosa. Debe asumirse que es un proceso normal.
  • Pasearse o moverse antes de la presentación. El nerviosismo se suele diluir con un buen paseo.
  • Si se seca la boca, no beber agua, ya que eso tiene un efecto rebote que agudiza el problema de la sequedad.
  • Preparar adecuadamente la presentación, ensayándola en voz alta y, si se puede, grabándola para detectar y corregir errores.

Si, a pesar de todo, algo sale mal en la presentación, es recomendable no agobiarse y manejar con gracia y buen humor el “desastre” (que se funda una luz o que no funcione el proyector, por ejemplo). Un manejo simpático del problema puede ayudar a poner a la audiencia del lado del ponente.

 

Autor: Roberto Sánchez Rivas, docente del  Máster en Dirección de Proyectos Internacionales PMI impartido en EADIC

 

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