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01 de febrero de 2021 | por: José Gutiérrez | 0 comentarios

Los aeropuertos ante el nuevo reto

Si algo caracteriza a los aeropuertos es la capacidad que han tenido para adaptarse a las distintas situaciones y nuevos retos que han ido apareciendo a lo largo del tiempo, con un único objetivo que nunca cambia, que no es más que dar el mejor servicio a sus clientes, los pasajeros y las aeronaves.

Aunque en el pasado los aeropuertos no eran tal como son ahora, ya ningún usuario discute, aunque sí pone en valor términos como la seguridad, información, conectividad, comercio y gastronomía, o el último término de moda llamado la “experiencia del pasajero”.

Algunos cambios vinieron impuestos desgraciadamente a la fuerza como los sistemas SATE, los controles exhaustivos de seguridad y las restricciones de equipaje en cabina. Otros vinieron motivados por los “políticos” que pronto se dieron cuenta que el aeropuerto era la primera puerta de entrada a su ciudad/región/país y por tanto había que acertadamente cuidarla. Por último, otros se desarrollaron por los propios gestores que se dieron cuenta de los jugosos ingresos que generaban los pasajeros antes y después de abordar su vuelo.

Todos estos cambios, con mejor o peor acierto, llegaron a buen puerto y perduran actualmente en aeropuertos de todo el mundo, eso sí con un coste en el sentido amplio de la palabra, asumido finalmente por el cliente pasajero-aeronave. Y esto fue así porque los responsables de “transformar” los aeropuertos sabían lo que querían y necesitaban.

El problema viene cuando quieres cambiar algo y no sabes lo que quieres o necesitas. Y esto es el problema del nuevo reto que ha venido lamentablemente para quedarse, de momento, derivado del COVID-19.

Terminal desierta de un aeropuerto

Las medidas que se han tomado, hasta ahora, en la mayoría de los aeropuertos son las mismas, en otra escala, que te puedes encontrar en un centro comercial, museo o restaurante. Es decir: información detallada, formularios de entrada, distancia de seguridad, uso de mascarilla, barra libre de alcohol, restricciones de tiempos y espacios, restricciones de aforos, cierres de terminales, asistencia al pasajero ampliada, etc.

Control de pasajeros en terminal

Todas estas medidas, tomadas acertadamente, están encaminadas a minimizar el riesgo de contagio entre los pasajeros y el personal que trabaja diariamente en el aeropuerto. Pero volvamos al comentario anterior. ¿Es realmente lo que buscamos? ¿Es realmente lo que necesitamos? Y ahí el problema. De momento no lo sabemos.

Y no lo sabemos porque si lo que necesitamos/queremos es limitar la entrada del virus a través de los aeropuertos, las medidas anteriores son necesarias pero no suficientes. Se hacen controles de temperatura corporal pero se ha visto rápidamente que no son eficaces. Tenemos unos excelentes Cuerpos de Seguridad junto con sus ayudantes caninos, que son capaces de detectar cualquier tipo de sustancia prohibida u objeto peligroso, pero desgraciadamente no pueden obviamente detectar la presencia del virus en las personas.

La única forma de detectar, hoy en día, la presencia del virus en una persona es mediante los distintos test disponibles y aun así tampoco resultan eficaces en según qué situaciones y en qué momento.

Si el nuevo reto es limitar la entrada del virus a través de los aeropuertos hay que asumir el coste de todo lo que implica. Y el problema es que como se ha demostrado, esto del COVID-19 nos ha “sorprendido” aprendiendo y por tanto no sabemos qué camino escoger. Si el de limitar (test en origen, restricciones de países, etc.) o el de controlar-trazar-rastrear el contagio una vez se haya producido.

Y hasta que no sepamos qué queremos/necesitamos no podremos dar con la solución ante este nuevo reto.

Autor: Camilo Cano Miró, docente del Máster en Diseño, Construcción y Mantenimiento de Aeropuertos de EADIC.

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