Comunidad

22 de septiembre de 2016 | por: Equipo Comunicación | 0 comentarios

El mercado energético actual

Las sociedades actuales de los países desarrollados se caracterizan por un estilo consumista que, en el fondo, es la tarjeta de presentación que enmascara una ingente demanda de recursos y una elevada contaminación, aspectos ambos letales para el medio ambiente. Ahí nace uno de los temas más presentes en estos días en los medios de comunicación: el cambio climático.

En las sociedades más avanzadas, en aquellas que son altamente industrializadas y con un mercado energético desarrollado, se asiste a un desfase colosal entre lo que una persona realmente necesita y lo que puede llegar a consumir. Téngase en cuenta, en este sentido, que el consumo energético por persona es un factor que actualmente está directamente relacionado con su estilo de vida: hoy día, conceptos como calidad de vida y mercado energético van intrínsecamente unidos.

Actualmente, la oferta energética primaria está cimentada sobre el uso y consumo del petróleo y del gas natural, en medio de un incremento demográfico exponencial. Ello justifica el temor al no muy lejano agotamiento de las reservas energéticas, pues se está asistiendo a una drástica aceleración de las necesidades: efectivamente, cuanta más población tenga el planeta, tanto mayores serán los recursos necesarios. Es por ello que los expertos señalan que el sistema actual es insostenible o, más acertadamente, que el mantenimiento del sistema energético actual durante un plazo de tiempo de una o dos generaciones no se va a ser posible soportarlo.

Así, se pueden encontrar un sinfín de referencias que señalan que el petróleo y el carbón, ejemplos evidentes de energías no renovables (llamadas así porque su disponibilidad se encuentra limitada por las cantidades disponibles y/o porque su ciclo de renovación es extremadamente lento), tienen reservas limitadas, a lo que sin duda está contribuyendo el hecho de que cada vez sea mayor la demanda: se calcula que el petróleo no verá morir, y por bastante, el siglo XXI; al igual que se calcula que, en poco más de cien años, se habrán agotado las reservas de gas natural; análoga suerte, aunque con un plazo más generoso, se estima que correrán a este paso otras fuentes no renovables como el carbón o el uranio.

El mercado energético actual

Por todo lo anterior, las energías renovables han emergido y se han ido desarrollando para hacer frente a la demanda energética creciente, intentando minimizar el perjuicio económico. De esta forma, y aunque con cierta lentitud, poco a poco van jugando un papel de sustitución parcial de las energías fósiles, lo que permite atenuar los problemas que ocasionaría el agotamiento de los recursos y mitigar parte de los inconvenientes medioambientales que actúan en contra de ciertos recursos fósiles.

En el caso particular de España, el consumo de energía primaria por habitante se ha disparado notablemente durante las dos últimas décadas, debido al desarrollo del país y a pesar de haberse visto inmerso en una de las crisis económicas más graves que se han conocido. No ajena a lo recogido en el párrafo anterior, España ha ido acompañando este crecimiento de un mayor protagonismo de las energías renovables: en 2010 el consumo final bruto de electricidad renovable era del 29,2 %, frente al 18,5 % de 2004.

Por todo lo anterior, y en medio de la sensibilidad medioambiental que se ha desarrollado en los últimos años, se han acometido acciones políticas orientadas a combatir la insostenibilidad del mercado energético, tal y como se le conoce en la actualidad. En el caso de España, esto puede ser analizado desde dos frentes diferentes:

  1. Frente europeo. Gracias a la acción de la Unión Europea, actualmente se prevé (y no es una previsión optimista sin más, sino que hay datos científicos que así lo avalan) que para el año 2050 más de la mitad de la energía que se emplee en los países miembros de la UE para la generación de electricidad en la industria, el transporte y los hogares, se obtendrá a partir de fuentes que no utilicen combustibles fósiles no renovables. En el afán de cumplir ese objetivo, se han lanzado, por un lado, acciones de orientadas a favorecer el uso de energías renovables (energía eólica, energía hidráulica, energía solar, biomasa o hidrógeno), y, por otro, se ha hecho un esfuerzo de financiación de programas de investigación encaminados al desarrollo de nuevas tecnologías que utilicen la energía de una forma mucho más eficaz.
  2. Frente nacional. En España, los retos principales de la política energética nacional se pueden englobar en los tres objetivos siguientes:
    1. La reducción de la dependencia de ciertas fuentes,
    2. La oferta al consumidor de precios energéticos competitivos,
    3. El compromiso con el medioambiente y la cobertura para la demanda.

Sin entrar a valorar los resultados obtenidos, pues eso daría para otro post muy extenso, el protagonismo de las renovables ha ido creciendo en ambos frentes, fruto en parte de los propósitos de ambos: ciclos de renovación más cortos y rápidos frente a las fuentes tradicionales (que hacen, de hecho, innecesario pensar en su agotamiento), impacto prácticamente nulo y reversible sobre el medio ambiente y reducción de los costes de transporte (gracias a la reducción de la dependencia de suministros externos, debido a su carácter autóctono), son los factores que los defensores de las energías renovables argumentan para su uso creciente, en medio de un mercado energético claramente insostenible.

Autor: Rubén Rodríguez Elizalde, profesor del Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética

Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética

Comentarios

Deja tu comentario

You must be logged in to post a comment. So log in!

EADIC Blog