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11 de noviembre de 2015 | por: Equipo Comunicación | 1 comentarios

Ingeniería petrolera ¿Alternativas a un futuro sin petróleo?

Durante los últimos 150 años, el oro negro se ha convertido en el motor económico de nuestra  sociedad.  Buena  parte  de  las  economías  más  desarrolladas  giran  en  torno  a  la ingeniería petrolera y la necesidad de los hidrocarburos y sus derivados. ¿Es hora de plantearse el uso racional y buscar alternativas a los derivados del crudo o pensamos que el petróleo durará para siempre?

El  petróleo  alimenta  nuestras  motos  de  alta  cilindrada,  nuestros  coches  de  lujo, nuestros cruceros por las islas griegas e incluso nuestros vuelos estivales Madrid-Cancún. Podríamos  continuar  la  lista,  imaginándonos  las  ingentes  cantidades  de  fuelóleo  que  se necesitan para producir energía eléctrica en las centrales termoeléctricas o cómo rodamos sobre petróleo cada vez que viajamos por una autopista. Tenemos petróleo en los neumáticos, en los detergentes, en las bolsas de basura, en los envases plásticos, en materiales de construcción como el PVC y hasta en algunos medicamentos, como por ejemplo la aspirina.

Actualmente, en el año 2015, nos encontramos en uno de los períodos más críticos de la industria del petróleo. Crítico porque, según los especialistas, prácticamente la totalidad de los países exportadores de crudo han alcanzado su pico petrolero y, a partir de ahora, la producción se va a ir reduciendo con el paso de los años.

Para algunos de esos especialistas, las consecuencias de la teoría de Olduvai nos sobrevuelan como un buitre esperando a que su presa termine de agonizar. Quién sabe si tienen razón y nuestra sociedad en el año 3000 d.C termina como empezó, siendo una sociedad de cazadores y recolectores.

Además, lo que se denomina como Tasa de Retorno de Energía Invertida (TREI), ha empezado a caer drásticamente en los últimos tiempos; lo que quiere decir que cada vez es menor el cociente entre los barriles de petróleo extraídos y los barriles de petróleo que se necesitan para extraer los mismos.

Ante esta situación, los países más desarrollados y, por ende, grandes consumidores de petróleo deberían replantearse qué alternativas están en nuestras manos como sociedad para poder garantizar un desarrollo sostenible.

Cuando  uno  escribe  sobre  desarrollo  sostenible  le  vienen  a  la  cabeza  las consideraciones eco-socialistas del término, acuñadas por Serge Latouche, quien define al desarrollo sostenible como un oxímoron: “o es desarrollo o es sostenible, pero no las dos cosas”. Esta línea de pensamiento, muy crítica, establece que la única forma de garantizar un respeto del medio ambiente es frenar el crecimiento, porque actualmente nos encontramos muy por encima de la capacidad de regeneración de los recursos naturales del planeta. Pero ¿Se le pueden cortar las alas a una mariposa? ¿Podemos parar de crecer, de intentar ser mejores? ¿Debemos? Yo creo que no.

Desde mi humilde opinión creo que las ideas de Latocuhe no son más que un pretexto para la intervención estatal, y que, realmente el crecimiento económico puede ser compatible perfectamente con el respeto y la preservación del medio ambiente, a través de la eficiencia y el aumento de la productividad. Necesitamos innovación, investigación, desarrollo tecnológico y tratar de hacer un uso más racional y eficiente de los recursos naturales de los que disponemos.

Así pues…¿Por dónde empezar? ¿Qué alternativas tenemos al petróleo?

-   Nuevos medios de transporte: Reducir la dependencia de los combustibles derivados del petróleo haciendo un uso más frecuente del ferrocarril, en sustitución del avión o el coche para viajes de medias distancias.

De  nada  valen  los  coches  eléctricos  que  tenemos  hoy  en  día.  Siguen  teniendo  la necesidad de estar enchufados a la red para recargar sus baterías. Es por eso que debemos mejorar la innovación y el desarrollo tecnológico de estos vehículos para hacer realidad una de las soluciones más prometedoras para este  siglo: el coche solar como método de transporte para cortas y medias distancias.

Existen otros medios de transporte solares, pero que aún son muy experimentales, como por ejemplo el barco solar. El más grande del mundo, el PlanetSolar, de 31 metros de eslora y 38.000 placas solares, ya demostró su viabilidad como prototipo para el futuro en el año 2012, cuando dio la vuelta al mundo alimentado sólo por energía solar.  

Ingeniería petrolera

- Mantener una producción de petróleo para algunas aplicaciones en la industria petroquímica o en la construcción, que no requieren cantidades tan desmesuradas como las que el sector del transporte demanda actualmente.

-   Tener en consideración a los biocombustibles, que, en pleno desarrollo tecnológico,

están demostrando que van a ser un serio vector energético de futuro para los medios de transporte.

-   Apostar por las auditorías energéticas en industrias de todo tipo, que permitan un ahorro considerable de energía a través de la implementación de medidas de mejora que finalicen con la creación de sistemas de gestión de la energía. Esto hace a las empresas mucho más competitivas, más rentables y más respetuosas con el medio ambiente. Todo el mundo sale ganando con la eficiencia energética.

-  Al igual que en el sector de la industria, la eficiencia energética es de vital importancia en la edificación. Actualmente tenemos los materiales y las técnicas de construcción lo suficientemente avanzadas como para poder lograr los edificios de energía casi nula (nZEB). Edificios totalmente autosuficientes, que no emiten CO2  a la atmósfera y que son capaces de ahorrar grandes cantidades de dinero a sus propietarios, sean estos privados  o  públicos.  Estándares  de  construcción  como  por  ejemplo  el  Passivhaus alemán, deberían ser de obligado cumplimiento actualmente. Las energías renovables nunca funcionaron mejor que cuando se decidieron implementar en los edificios.

-   Un mix energético realista: Actualmente tenemos un mix energético compuesto en el 50% por fuentes energéticas no renovables y 50% por fuentes energéticas renovables. Esto no es negativo, pinta bien así a simple vista. El problema es cómo lo hemos hecho.

1. A las energías renovables siempre se las trata muy bien porque son muy buenas, pero parece que no iban a tener un coste para los españoles cuando se instalaron. No es un problema suyo, las energías renovables son muy buenas, como ya se ha comentado antes. Nos permiten generar sin CO2  y además hacer un cambio tecnológico que reduce precisamente la importación de petróleo. Según los datos del ministerio de industria y energía, de 3000 MW de energía termoeléctrica instalada en el mundo, una tecnología aún incipiente y enormemente cara, hay 2300 MW instalados sólo en España. Esto fue una locura. Se abusó del sistema de subvenciones a las renovables, un gasto que ahora sufrimos todos, teniendo una de las facturas de la luz más caras de Europa. Lógicamente, de cara a los objetivos del plan 20/20/20 de la UE, cumplimos los objetivos de renovables de sobra, pero, ¿a qué precio? Se debe seguir instalando energía renovable, sin duda alguna, pero paulatinamente, poco a poco, aprovechando la curva tecnológica.

2.   Energías convencionales: Queda bastante claro que tanto el carbón como el fuel deben ir desapareciendo progresivamente como combustibles para la generación eléctrica. El gas puede seguir funcionando en ciclos combinados o en cogeneraciones,   porque   es   el   combustible   fósil   más   limpio   y   económico actualmente sin contar el uranio.

3.   Energía nuclear: Siempre denostada por el miedo a otro Chernóbil o Fukushima. Fukushima fue debido a un tsunami generado por un maremoto, que inutilizó los servicios de apagado de emergencia del reactor, los cuales siempre tienen que estar a  mayor  altitud  que  la  central,  precisamente  para  evitar  esas  situaciones.  El problema no fue de la energía nuclear, sino de la planificación energética que permitió que hubieran 5 reactores nucleares en una misma playa de una isla volcánica.  Chernóbil  era  un  reactor  semi-militar,  construido  en  la  época  más precaria de la URSS, que producía electricidad y plutonio para las armas nucleares soviéticas. El plutonio producido hay que extraerlo cada mes, pues proviene de la transmutación del uranio. Si tardas más en extraerlo puedes provocar envenenamiento del plutonio y accidentes que desemboquen en una explosión, que fue lo que ocurrió. Si Chernóbil hubiera tenido una cúpula de protección y un moderador de agua en vez de grafito, como tienen todos los reactores nucleares europeos, no estaríamos hablado ahora de ese terrible suceso.

El segundo aspecto interesante es desmitificar a los residuos nucleares. Son muy pocos. 1 Kg de uranio rinde como 3.000 millones de toneladas de carbón, por tanto todos los residuos de toda la industria nuclear mundial caben en un campo de fútbol. ¿Pero dónde los guardamos? ¿Son nocivos?

Ingeniería petrolera

Se puede hacer y se hace de dos maneras, una de ellas consiste en perforar a 1,5 km de profundidad, hasta alcanzar un repositorio subterráneo en roca preferiblemente basáltica, donde poder guardar esos residuos inmovilizados con titanio y vidrio para evitar la radiación. Está demostrado que a 500 metros de profundidad ya no hay nada que afecte a la cadena trófica de los seres vivos. Imaginemos a una profundidad 3 veces superior, que es a la que se introduce. Podemos olvidarnos de ellos, de la misma manera que la Tierra se olvidó de sus residuos radiactivos hace millones de años.

Existe otra forma, que ahora está siendo igualmente apoyada por muchos expertos, que  consiste  en  introducirlos  en  lugares  más  accesibles,  como  repositorios naturales en montañas, porque estos residuos aún son aprovechables. La energía que nosotros aprovechamos del uranio es el 1% de toda la que puede dar, porque sólo usamos el U235, isótopo del U238. Con técnicas de reprocesamiento avanzadas, que las tenemos y las perfeccionaremos en las siguientes décadas, también podremos quemar el U238.

El problema de los residuos nucleares y de la industria nuclear en general es un problema político, de carencia de información y puede que psicológico, pero desde luego no es un problema tecnológico. Hay físicos que hacen experimentos en laboratorios subterráneos buscando materia oscura, a un kilómetro de un cementerio nuclear. Cualquier traza de radiactividad anularía por completo sus investigaciones y sin embargo no tienen ningún problema. Dejémonos de prejuicios, porque lo que sí que no es un oxímoron es la ecología nuclear.

Alvaro Mesonero, profesor del Máster en Petróleo y Gas: Prospección, Transformación y Gestión

 Máster en Petróleo y Gas: Prospección, Transformación y Gestión

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